Libros deuterocanónicos: qué son y de dónde vienen
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Los libros deuterocanónicos son siete libros del Antiguo Testamento, más algunos capítulos de Ester y Daniel, que forman parte de la Biblia católica y ortodoxa pero no de la mayoría de Biblias protestantes. Por eso una Biblia católica tiene 73 libros y una protestante 66. Aquí verás cuáles son, de dónde viene la diferencia, cómo se fue formando cada canon y qué piensa honestamente cada tradición, sin tomar partido.
¿Qué son los libros deuterocanónicos y cuáles son?
La palabra deuterocanónico significa algo así como “del segundo canon”. No quiere decir que sean libros de segunda categoría, sino que su lugar en la lista oficial de la Biblia, el canon, se discutió más tiempo que el de otros. El término se empezó a usar en el siglo XVI, en ambientes católicos, para distinguirlos de los protocanónicos, los libros que nadie discutía.
En la Biblia católica son siete libros completos: Tobías, Judit, 1 Macabeos, 2 Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico (también llamado Sirácida) y Baruc, que incluye al final la llamada Carta de Jeremías. A eso se suman unos pasajes más largos en Ester y en Daniel: el cántico de los tres jóvenes en el horno, la historia de Susana y el relato de Bel y el dragón.
Son libros muy distintos entre sí. Hay relatos de fe en tiempos difíciles, como Tobías y Judit; historia de la resistencia judía frente a la persecución griega, en los Macabeos; y sabiduría práctica y poética, en Sabiduría y Eclesiástico. Casi todos se escribieron en los últimos siglos antes de Cristo.
¿Por qué la Biblia católica tiene más libros que la protestante?
La diferencia está solo en el Antiguo Testamento; el Nuevo Testamento tiene los mismos 27 libros en todas las tradiciones. En tiempos de Jesús, las Escrituras de Israel ya se reconocían en grandes bloques, como él mismo indica al hablar con sus discípulos después de la resurrección.
Y él les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliesen todas las cosas que están escritas de mí en la ley de Moisés, y en los profetas, y en los salmos.
Lucas 24:44 · RV1909
Jesús da por supuesto que existe un conjunto de Escrituras con autoridad, pero no deja una lista cerrada de títulos. Ahí empieza la cuestión: los judíos de habla griega leían las Escrituras en una traducción llamada Septuaginta, y junto a ella circulaban otros escritos judíos, entre ellos los que hoy llamamos deuterocanónicos. No consta que existiera entonces una lista griega cerrada; los manuscritos completos de la Septuaginta que conservamos son copias cristianas posteriores, y los especialistas discuten qué lugar tenían estos libros antes de Cristo.
Los primeros cristianos hablaban sobre todo griego y leían ampliamente la Septuaginta; muchas citas del Antiguo Testamento en el Nuevo siguen esa traducción. Por eso estos libros pasaron con naturalidad a las Biblias cristianas de los primeros siglos. Siglos después, en la Reforma, los protestantes decidieron volver a la lista hebrea, y de ahí viene la diferencia que ves hoy en las librerías.
¿Cómo se formó el canon de la Biblia?
El canon no cayó del cielo en un día: fue un proceso largo en el que las comunidades reconocieron qué libros transmitían la palabra de Dios. Para la Biblia judía, durante mucho tiempo se habló de un supuesto “concilio de Jamnia” a finales del siglo I que habría cerrado la lista, pero hoy muchos historiadores dudan de que existiera una decisión así; la lista hebrea se fue asentando de forma gradual.
En la Iglesia antigua hubo opiniones diferentes. San Jerónimo, que tradujo la Biblia al latín a partir del hebreo, prefería la lista hebrea y miraba con reservas los libros añadidos, aunque tradujo algunos. San Agustín, en cambio, los aceptaba como Escritura. Varios sínodos del norte de África, a finales del siglo IV, incluyeron estos libros en sus listas, y esa práctica se extendió por Occidente durante la Edad Media.
Cuando la Reforma puso la cuestión sobre la mesa, la Iglesia católica la cerró formalmente en el Concilio de Trento, en 1546, declarando que estos libros forman parte del canon con la misma autoridad que los demás. Para los católicos, esa decisión no inventó nada nuevo, sino que confirmó lo que la Iglesia ya leía y usaba desde antiguo.
¿Qué piensan los protestantes de los libros deuterocanónicos?
Los protestantes suelen llamarlos “apócrifos” y no los consideran Escritura inspirada. Uno de sus argumentos principales es que a Israel se le confiaron las palabras de Dios, y que por eso la lista judía del Antiguo Testamento debe ser la referencia.
¿Qué, pues, tiene más el Judío? ¿ó qué aprovecha la circuncisión? Mucho en todas maneras. Lo primero ciertamente, que la palabra de Dios les ha sido confiada.
Romanos 3:1–2 · RV1909
Martín Lutero no los eliminó del todo: en su Biblia alemana de 1534 los colocó en una sección aparte, entre los dos Testamentos, presentándolos como libros útiles y buenos de leer, aunque no al nivel de la Escritura. La Iglesia de Inglaterra adoptó una postura parecida: se pueden leer para aprender a vivir, pero no para fundar doctrina. Otras confesiones reformadas, como la de Westminster, fueron más lejos y les negaron cualquier autoridad especial.
Por eso hoy encontrarás Biblias protestantes sin estos libros, algunas ediciones que los incluyen en un apéndice y Biblias interconfesionales que los recogen en una sección propia. Para muchos protestantes, el motivo no es desprecio, sino la convicción de que el Antiguo Testamento cristiano debe coincidir con la Biblia hebrea que recibió Israel.
¿Y la Iglesia ortodoxa qué libros acepta?
Las Iglesias ortodoxas siguen de cerca la tradición de la Septuaginta, así que su Antiguo Testamento suele ser incluso un poco más amplio que el católico. Además de los deuterocanónicos, muchas Biblias ortodoxas incluyen textos como 1 Esdras, 3 Macabeos, la Oración de Manasés y el Salmo 151.
No hay una única lista fijada para todas las Iglesias ortodoxas, y algunas tradiciones antiguas, como la etíope, tienen un canon aún más amplio. Muchos teólogos ortodoxos describen estos libros como “dignos de leerse”: forman parte de la Biblia que la Iglesia lee y venera, aunque se reconoce que su historia es distinta a la de los libros hebreos.
¿El Nuevo Testamento cita los libros deuterocanónicos?
El Nuevo Testamento no cita ninguno de ellos de forma explícita, con fórmulas como “está escrito”. Pero sí hay conexiones claras. Por ejemplo, el Evangelio de Juan sitúa a Jesús en Jerusalén durante una fiesta cuyo origen se narra en 1 Macabeos: la nueva dedicación del templo, que los judíos siguen celebrando hoy como Janucá.
Y se hacía la fiesta de la dedicación en Jerusalem; y era invierno; Y Jesús andaba en el templo por el portal de Salomón.
Juan 10:22–23 · RV1909
Las mujeres recibieron sus muertos por resurrección; unos fueron estirados, no aceptando el rescate, para ganar mejor resurrección;
Hebreos 11:35 · RV1909
Esto no prueba por sí mismo que Juan considerara inspirado 1 Macabeos, pero muestra que la historia que cuentan esos libros era parte del mundo de Jesús. Del mismo modo, muchos lectores ven en Hebreos 11:35, que habla de quienes aceptaron la tortura esperando la resurrección, un eco de los mártires de 2 Macabeos 7.
Católicos y ortodoxos ven en estos ecos una señal de que la Iglesia apostólica conocía y apreciaba estos libros. Muchos protestantes responden que conocer y aludir a un libro no es lo mismo que tenerlo por Escritura. Ambas lecturas son honestas con los datos; la diferencia está en cómo se pesan.
¿Es lo mismo deuterocanónico que apócrifo?
Depende de quién hable, y aquí nace mucha confusión. Para un protestante, “apócrifos” suele significar precisamente los deuterocanónicos. Para un católico o un ortodoxo, en cambio, los apócrifos son otros textos que ninguna Iglesia aceptó en su Biblia, como los evangelios de Tomás o de Pedro y muchos escritos de los primeros siglos.
Por eso conviene usar el término con cuidado. Si alguien te dice que la Biblia católica “añadió libros apócrifos”, probablemente se refiere a los deuterocanónicos, no a esos evangelios tardíos, que ninguna tradición cristiana considera Escritura.
¿Qué tienen en común todas las tradiciones?
Aunque discrepen en un puñado de libros y pasajes, católicos, protestantes y ortodoxos comparten la inmensa mayoría de la Biblia y la misma convicción de fondo: que la Escritura viene de Dios y sirve para formar la vida del creyente.
Toda Escritura es inspirada divinamente y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instituir en justicia, Para que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente instruído para toda buena obra.
2 Timoteo 3:16–17 · RV1909
Ningún dogma central de la fe cristiana, como la Trinidad, la encarnación o la resurrección de Jesús, depende de los libros discutidos. Donde sí influyen es en algunos puntos concretos: por ejemplo, católicos y ortodoxos leen 2 Macabeos 12 como un apoyo a la oración por los difuntos, una lectura que los protestantes no comparten.
Saber esto ayuda a conversar sin trincheras. Puedes defender tu tradición con convicción y, a la vez, reconocer que los hermanos de otras Iglesias leen la misma Palabra con amor y razones serias.
Cómo acercarte hoy a esta cuestión
La mejor manera de entender este tema no es solo leer sobre él, sino abrir los textos con calma y con la mente despierta. Hechos 17:11 muestra que examinar con atención no es falta de fe, sino una forma de tomarse en serio la Palabra.
Y fueron éstos más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras, si estas cosas eran así.
Hechos 17:11 · RV1909
Si tu Biblia los incluye, empieza por el libro de Tobías: es breve, se lee como una novela y habla de oración, familia y confianza en Dios. Si tu Biblia no los tiene, puedes leer el pasaje de Juan 10:22–39 y preguntarte qué celebraba Jesús ese día. En ambos casos, termina con una oración sencilla con tus palabras: pide a Dios que te ayude a escuchar su voz en la Escritura y a tratar con respeto a quienes la leen de otra manera.
Preguntas frecuentes
¿Cómo sé si mi Biblia incluye los libros deuterocanónicos?
Mira el índice: si aparecen Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc y los dos libros de los Macabeos, tu Biblia los incluye. En las Biblias católicas están repartidos entre los demás libros del Antiguo Testamento. En algunas ediciones protestantes o interconfesionales aparecen agrupados en una sección aparte, a veces con el título de apócrifos o deuterocanónicos.
¿Puede un protestante leer los libros deuterocanónicos?
Sí. Muchas tradiciones protestantes los consideran útiles para conocer la historia y la piedad judía anterior a Jesús, aunque no los tengan por Escritura inspirada. Leerlos no contradice la fe protestante, siempre que se lean con el lugar que esa tradición les da.
¿Los judíos tienen estos libros en su Biblia?
No. La Biblia judía actual sigue la lista hebrea, que coincide en contenido con el Antiguo Testamento protestante, aunque los libros se ordenan y cuentan de otra manera. Algunos de estos libros, como Eclesiástico, se conocían y se leían en ambientes judíos antiguos, pero no entraron en su canon.
¿Se leen los libros deuterocanónicos en la misa?
Sí. En la liturgia católica se proclaman con cierta frecuencia lecturas de libros como Sabiduría, Eclesiástico o los Macabeos, igual que de los demás libros del Antiguo Testamento. Las Iglesias ortodoxas también los leen en sus celebraciones. Por eso muchos católicos los han escuchado sin saber que eran deuterocanónicos.
Escrito con ayuda de IA y revisado por Miguel Ridruejo Mendoza antes de publicarse. Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1909 (RV1909), de dominio público. Cómo escribimos.
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