Ven, Espíritu Santo (secuencia de Pentecostés)
Ven, Espíritu Santo,
y envía desde el cielo
un rayo de tu luz.
Ven, padre de los pobres,
ven, dador de los dones,
ven, luz de los corazones.
Consolador el mejor,
dulce huésped del alma,
dulce alivio.
Descanso en el trabajo,
frescor en el calor,
consuelo en el llanto.
Oh luz dichosísima,
llena lo más íntimo
del corazón de tus fieles.
Sin tu poder divino
nada hay en el hombre,
nada que sea inocente.
Lava lo que está manchado,
riega lo que está seco,
sana lo que está herido.
Doblega lo que está rígido,
calienta lo que está frío,
endereza lo extraviado.
Da a tus fieles,
que en ti confían,
tus siete dones sagrados.
Da el premio a la virtud,
da un final de salvación,
da la alegría eterna.
Amén. Aleluya.
Texto: texto o traducción nuestra, escrita para Verso.
En latín
Veni, Sancte Spiritus,
et emitte caelitus
lucis tuae radium.
Veni, pater pauperum,
veni, dator munerum,
veni, lumen cordium.
Consolator optime,
dulcis hospes animae,
dulce refrigerium.
In labore requies,
in aestu temperies,
in fletu solatium.
O lux beatissima,
reple cordis intima
tuorum fidelium.
Sine tuo numine,
nihil est in homine,
nihil est innoxium.
Lava quod est sordidum,
riga quod est aridum,
sana quod est saucium.
Flecte quod est rigidum,
fove quod est frigidum,
rege quod est devium.
Da tuis fidelibus,
in te confidentibus,
sacrum septenarium.
Da virtutis meritum,
da salutis exitum,
da perenne gaudium.
Amen. Alleluia.
Sobre esta oración
La secuencia que se canta en la misa de Pentecostés, escrita hacia el año 1200 y atribuida casi siempre a Esteban Langton, arzobispo de Canterbury; otros la atribuyen al papa Inocencio III. En la Edad Media la llamaban la secuencia de oro. Puede rezarse en cualquier momento para pedir la ayuda del Espíritu. La versión española es nuestra.