Vía crucis bíblico: las catorce estaciones
El vía crucis acompaña a Jesús del huerto al sepulcro en catorce estaciones. Este es el vía crucis bíblico: cada estación sale de un Evangelio, así que pueden rezarlo cristianos de cualquier tradición. En cada estación, di la respuesta, lee el pasaje y quédate un momento con la meditación.
En cada estación
℣. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
℟. Porque por tu santa cruz redimiste al mundo.
1. Jesús ora en el huerto
Y saliendo, se fué, como solía, al monte de las Olivas; y sus discípulos también le siguieron. Y como llegó á aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación. Y él se apartó de ellos como un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, Diciendo: Padre, si quieres, pasa este vaso de mí; empero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y le apareció un ángel del cielo confortándole. Y estando en agonía, oraba más intensamente: y fué su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra. Y como se levantó de la oración, y vino á sus discípulos, hallólos durmiendo de tristeza; Y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad que no entréis en tentación.
Lucas 22:39–46 · RV1909
Jesús sube al monte de los Olivos «como de costumbre». Se arrodilla a un tiro de piedra de sus amigos y le pide al Padre que aparte de él ese cáliz. Y añade: «que no se haga mi voluntad, sino la tuya». Los discípulos duermen, vencidos por la tristeza, y él los despierta para que se levanten y oren. Busca hoy tu rincón tranquilo, di con sinceridad qué te asusta y déjalo en manos del Padre.
2. Jesús es traicionado y arrestado
Y luego, aun hablando él, vino Judas, que era uno de los doce, y con él una compañía con espadas y palos, de parte de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas y de los ancianos. Y el que le entregaba les había dado señal común, diciendo: Al que yo besare, aquél es: prendedle, y llevadle con seguridad. Y como vino, se acercó luego á él, y le dice: Maestro, Maestro. Y le besó. Entonces ellos echaron en él sus manos, y le prendieron. Y uno de los que estaban allí, sacando la espada, hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja. Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Como á ladrón habéis salido con espadas y con palos á tomarme? Cada día estaba con vosotros enseñando en el templo, y no me tomasteis; pero es así, para que se cumplan las Escrituras. Entonces dejándole todos sus discípulos, huyeron.
Marcos 14:43–50 · RV1909
Judas llega con una turba armada de espadas y palos, y la señal convenida es un beso. «Rabí», le dice, el saludo de cada día del discípulo a su maestro. Alguien saca la espada y hiere a un criado. Jesús solo pregunta por qué vienen a prenderlo así, si cada día enseñaba en el templo. Entonces todos huyen. Mira hoy en qué te has ido alejando de él y da un paso de vuelta.
3. Jesús es condenado por el Sanedrín
Y cuando fué de día, se juntaron los ancianos del pueblo, y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y le trajeron á su concilio, Diciendo: ¿Eres tú el Cristo? dínos lo. Y les dijo: Si os lo dijere, no creeréis; Y también si os preguntare, no me responderéis, ni me soltaréis: Mas después de ahora el Hijo del hombre se asentará á la diestra de la potencia de Dios. Y dijeron todos: ¿Luego tú eres Hijo de Dios? Y él les dijo: Vosotros decís que yo soy. Entonces ellos dijeron: ¿Qué más testimonio deseamos? porque nosotros lo hemos oído de su boca.
Lucas 22:66–71 · RV1909
Al amanecer se reúne el consejo, y los presentes ya tienen la decisión tomada: «si tú eres el Cristo, dínoslo». Jesús sabe que no le creerán, diga lo que diga. Aun así, no esconde quién es. Cansado, atado, sin un amigo a su lado, habla del Hijo del Hombre sentado a la derecha de Dios. Ya no quieren más testigos. ¿Dónde te preguntan, sin palabras, a quién perteneces? Que hoy tu respuesta sea serena y verdadera.
4. Pedro niega a Jesús
Y prendiéndole trajéronle, y metiéronle en casa del príncipe de los sacerdotes. Y Pedro le seguía de lejos. Y habiendo encendido fuego en medio de la sala, y sentándose todos alrededor, se sentó también Pedro entre ellos. Y como una criada le vió que estaba sentado al fuego, fijóse en él, y dijo: Y éste con él estaba. Entonces él lo negó, diciendo: Mujer, no le conozco. Y un poco después, viéndole otro, dijo: Y tú de ellos eras. Y Pedro dijo: Hombre, no soy. Y como una hora pasada otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente también éste estaba con él, porque es Galileo. Y Pedro dijo: Hombre, no sé qué dices. Y luego, estando él aún hablando, el gallo cantó. Entonces, vuelto el Señor, miró á Pedro: y Pedro se acordó de la palabra del Señor como le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Y saliendo fuera Pedro, lloró amargamente.
Lucas 22:54–62 · RV1909
Pedro lo ha seguido de lejos hasta el patio. Se sienta junto a la hoguera, y una criada se fija en su cara a la luz del fuego. Tres veces dice que no conoce a Jesús. Entonces canta el gallo, y el Señor se vuelve y mira a Pedro. Ni una palabra, solo esa mirada. Pedro sale y llora amargamente. Esa mirada no lo desprecia: lo llama de vuelta. Deja hoy que Jesús te mire, y quédate.
5. Jesús es juzgado por Pilato
Y luego por la mañana, habiendo tenido consejo los príncipes de los sacerdotes con los ancianos, y con los escribas, y con todo el concilio, llevaron á Jesús atado, y le entregaron á Pilato. Y Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los Judíos? Y respondiendo él, le dijo: Tú lo dices. Y los príncipes de los sacerdotes le acusaban mucho. Y le preguntó otra vez Pilato, diciendo: ¿No respondes algo? Mira de cuántas cosas te acusan. Mas Jesús ni aun con eso respondió; de modo que Pilato se maravillaba. Empero en el día de la fiesta les soltaba un preso, cualquiera que pidiesen. Y había uno, que se llamaba Barrabás, preso con sus compañeros de motín que habían hecho muerte en una revuelta. Y viniendo la multitud, comenzó á pedir hiciese como siempre les había hecho. Y Pilato les respondió, diciendo: ¿Queréis que os suelte al Rey de los Judíos? Porque conocía que por envidia le habían entregado los príncipes de los sacerdotes. Mas los príncipes de los sacerdotes incitaron á la multitud, que les soltase antes á Barrabás. Y respondiendo Pilato, les dice otra vez: ¿Qué pues queréis que haga del que llamáis Rey de los Judíos? Y ellos volvieron á dar voces: Crucifícale. Mas Pilato les decía: ¿Pues qué mal ha hecho? Y ellos daban más voces: Crucifícale. Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó á Barrabás, y entregó á Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado.
Marcos 15:1–15 · RV1909
Atan a Jesús y lo llevan ante Pilato de madrugada. Las acusaciones se amontonan, y Jesús calla, tanto que Pilato se queda asombrado. Pilato sabe que todo es envidia. Pregunta a la multitud qué mal ha hecho, pero solo gritan más fuerte. Por contentar a la gente, suelta a Barrabás y entrega a Jesús. ¿Dónde notas tú el tirón de la multitud? Elige hoy algo justo, aunque nadie te aplauda.
6. Jesús es azotado y coronado de espinas
Así que, entonces tomó Pilato á Jesús, y le azotó. Y los soldados entretejieron de espinas una corona, y pusiéron la sobre su cabeza, y le vistieron de una ropa de grana; Y decían: ¡Salve, Rey de los Judíos! y dábanle de bofetadas.
Juan 19:1–3 · RV1909
Los soldados tienen orden de azotarlo, y después lo convierten en un juego. Uno trenza ramas de espino en forma de corona; otro trae un manto de púrpura. Se le acercan uno a uno, «¡Salve, rey de los judíos!», y lo abofetean. Jesús soporta la burla sin devolver el golpe. Piensa en alguien de quien hoy se ríen, en clase, en el trabajo, en las redes. Ponte a su lado y trátalo con la dignidad que otros le niegan.
7. Jesús carga con la cruz
Así que entonces lo entregó á ellos para que fuese crucificado. Y tomaron á Jesús, y le llevaron. Y llevando su cruz, salió al lugar que se dice de la Calavera, y en hebreo, Gólgotha;
Juan 19:16–17 · RV1909
Pilato lo entrega, y se llevan a Jesús. Juan dice sencillamente que salió cargando él mismo con su cruz. El madero es áspero y pesado, y su espalda ya está desgarrada. El camino sale de la ciudad hacia un lugar que lleva el nombre de una calavera. No espera a que otro la levante. ¿Qué peso te toca llevar ahora mismo? Tómalo hoy, no a solas, sino caminando detrás de él.
8. Simón de Cirene ayuda a Jesús
Y llevándole, tomaron á un Simón Cireneo, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús.
Lucas 23:26 · RV1909
Simón vuelve del campo, quizá cansado, quizá con planes para ese día. Los soldados lo agarran y le cargan la cruz al hombro. No se ofreció. Sin embargo, Lucas recuerda su nombre y de dónde venía, y Simón recorre el resto del camino justo detrás de Jesús. A menudo nos piden ayuda en el peor momento. ¿Quién necesita hoy que cargues algo con él? Di que sí, aunque te desbarate los planes.
9. Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén
Y le seguía una grande multitud de pueblo, y de mujeres, las cuales le lloraban y lamentaban. Mas Jesús, vuelto á ellas, les dice: Hijas de Jerusalem, no me lloréis á mí, mas llorad por vosotras mismas, y por vuestros hijos. Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no engendraron, y los pechos que no criaron. Entonces comenzarán á decir á los montes: Caed sobre nosotros: y á los collados: Cubridnos. Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué se hará?
Lucas 23:27–31 · RV1909
Lo sigue una gran multitud, y entre ella unas mujeres que lloran y se lamentan por él. Jesús, que apenas puede caminar, se vuelve hacia ellas. No desprecia su dolor; lo orienta más allá de sí mismo, hacia sus hijos y los días duros que vendrán. Aun ahora piensa en los demás. Deja hoy que tu compasión vaya más allá de tus propios problemas, y ora por los niños de tu ciudad.
10. Jesús es clavado en la cruz
Y como vinieron al lugar que se llama de la Calavera, le crucificaron allí, y á los malhechores, uno á la derecha, y otro á la izquierda. Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestidos, echaron suertes.
Lucas 23:33–34 · RV1909
En el lugar llamado la Calavera lo clavan al madero, con un malhechor a cada lado. Mientras aún suenan los martillazos, Jesús ora: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». A sus pies, los soldados se reparten su ropa echándola a suertes, ajenos a todo. Sus primeras palabras en la cruz son para quienes le hacen daño. ¿Hay alguien a quien no has perdonado? Di hoy su nombre ante Dios y pide la gracia de empezar.
11. Jesús promete el paraíso al buen ladrón
Y uno de los malhechores que estaban colgados, le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate á ti mismo y á nosotros. Y respondiendo el otro, reprendióle, diciendo: ¿Ni aun tú temes á Dios, estando en la misma condenación? Y nosotros, á la verdad, justamente padecemos; porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos: mas éste ningún mal hizo. Y dijo á Jesús: Acuérdate de mí cuando vinieres á tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso.
Lucas 23:39–43 · RV1909
Dos hombres cuelgan junto a Jesús. Uno se burla: que se salve a sí mismo, y a ellos también. El otro no tiene nada que ofrecer, ni tiempo para arreglar su vida. Solo dice: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». Y Jesús responde enseguida: «Hoy estarás conmigo en el paraíso». Sin discursos, sin condiciones. Cargues lo que cargues, no es tarde. Di hoy su nombre y pídele que se acuerde de ti.
12. Jesús habla a su madre y al discípulo
Y estaban junto á la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. Y como vió Jesús á la madre, y al discípulo que él amaba, que estaba presente, dice á su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dice al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió consigo.
Juan 19:25–27 · RV1909
Junto a la cruz están su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, María Magdalena y el discípulo a quien Jesús amaba. Jesús los ve y confía a su madre y a su amigo el uno al otro: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». «Ahí tienes a tu madre». Desde entonces el discípulo la acoge en su casa. Aun muriendo, Jesús forma una familia. ¿A quién ha puesto a tu cuidado? Búscalo hoy.
13. Jesús muere en la cruz
Y cuando era como la hora de sexta, fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona. Y el sol se obscureció: y el velo del templo se rompió por medio. Entonces Jesús, clamando á gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, espiró.
Lucas 23:44–46 · RV1909
Hacia el mediodía la oscuridad cubre la tierra, y durante tres horas el sol deja de alumbrar. El velo del templo se rasga por la mitad. Entonces Jesús grita con fuerza: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu», y expira. Muere orando con las palabras de un salmo, quizá aprendidas de niño. Quédate aquí un momento en silencio. Lo que hoy te pese, ponlo con él en las manos del Padre.
14. Jesús es sepultado
Y he aquí un varón llamado José, el cual era senador, varón bueno y justo, (El cual no había consentido en el consejo ni en los hechos de ellos), de Arimatea, ciudad de la Judea, el cual también esperaba el reino de Dios; Este llegó á Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Y quitado, lo envolvió en una sábana, y le puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual ninguno había aún sido puesto. Y era día de la víspera de la Pascua; y estaba para rayar el sábado. Y las mujeres que con él habían venido de Galilea, siguieron también y vieron el sepulcro, y cómo fué puesto su cuerpo. Y vueltas, aparejaron drogas aromáticas y ungüentos; y reposaron el sábado, conforme al mandamiento.
Lucas 23:50–56 · RV1909
José de Arimatea, miembro del consejo que no apoyó la condena, pide a Pilato el cuerpo. Lo baja, lo envuelve en una sábana de lino y lo deposita en un sepulcro nuevo, cavado en la roca. Las mujeres de Galilea miran dónde lo ponen y vuelven a casa a preparar perfumes. Empieza el sábado, y descansan. A veces el amor solo puede esperar. Ofrece hoy a Dios un gesto callado de fidelidad y confíale lo que queda pendiente.
Ha resucitado
Y el primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las drogas aromáticas que habían aparejado, y algunas otras mujeres con ellas. Y hallaron la piedra revuelta del sepulcro. Y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Y aconteció, que estando ellas espantadas de esto, he aquí se pararon junto á ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; Y como tuviesen ellas temor, y bajasen el rostro á tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, mas ha resucitado: acordaos de lo que os habló, cuando aun estaba en Galilea, Diciendo: Es menester que el Hijo del hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día. Entonces ellas se acordaron de sus palabras,
Lucas 24:1–8 · RV1909
Muy de mañana, el primer día de la semana, las mujeres vuelven con los perfumes que habían preparado. La piedra está corrida y el sepulcro, vacío. Asustadas, se inclinan hasta el suelo ante dos hombres con vestidos resplandecientes, que les preguntan por qué buscan entre los muertos al que vive: no está aquí, ha resucitado. Y ellas recuerdan sus palabras. La historia no termina en el sepulcro. Sal hoy a tu día con una buena noticia: ¡está vivo!
Las meditaciones son nuestras, escritas para Verso y revisadas; la respuesta es la tradicional. Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1909 (RV1909), de dominio público. Cómo escribimos.