Verso

31 de diciembre

Los santos y fiestas que se recuerdan el 31 de diciembre, cada uno con una breve biografía, un pasaje bíblico y una oración.

San Silvestre I

Memoria libre

Guio a la Iglesia de Roma al acabar la persecución y alzarse las basílicas

Silvestre era un sacerdote de Roma que fue elegido obispo de la ciudad en enero del año 314, poco después de que el emperador Constantino pusiera fin a la persecución de los cristianos. De su vida anterior no se sabe casi nada. Guio a la Iglesia de Roma durante casi veintidós años, hasta su muerte el 31 de diciembre del 335.

Le tocó una época de enormes cambios. Los cristianos, que antes se reunían en casas particulares, podían ya celebrar su fe a la vista de todos, y en Roma se levantaron grandes basílicas, como la de Letrán y la primera de San Pedro, costeadas por el emperador. Silvestre no acudió a los concilios de Arlés (314) ni de Nicea (325), pero envió representantes a ambos. Leyendas posteriores contaron que curó y bautizó a Constantino, y un documento falso, la “Donación de Constantino”, usó su nombre; los historiadores han demostrado que nada de eso es cierto.

Fue enterrado en la catacumba de Priscila y fue de los primeros en ser venerados como santos en Roma sin haber muerto mártires. En varios países la Nochevieja todavía lleva su nombre.

Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, teniendo cuidado de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino de un ánimo pronto; Y no como teniendo señorío sobre las heredades del Señor, sino siendo dechados de la grey. Y cuando apareciere el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.

1 Pedro 5:2–4 · RV1909

Oración

Dios de todos los tiempos, cuando la persecución dio paso a la paz, diste a tu Iglesia en Roma un pastor fiel en Silvestre. Ahora que este año llega a su fin, ayúdanos a aprovechar los tiempos de libertad y de cambio para edificar a tu pueblo en la verdad y el amor. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Santa Catalina Labouré

Martirologio romano

Ocultó durante 46 años que era la religiosa de la Medalla Milagrosa

Catalina Labouré nació en 1806 en una familia de campesinos de Fain-lès-Moutiers, en Borgoña. Su madre murió cuando ella tenía nueve años, y siendo aún muy joven se hizo cargo de la casa de su padre, que al principio se opuso a que fuera religiosa. En 1830 entró en las Hijas de la Caridad, en París.

Ese mismo año, siendo novicia, contó a su confesor que la Virgen María se le había aparecido en la capilla del convento y le había pedido que se acuñara una medalla. Con la aprobación del arzobispo, se hizo por primera vez en 1832, y se difundió tan rápido que la gente la llamó “Medalla Milagrosa”. Catalina calló su papel. Durante más de cuarenta años trabajó en un asilo para hombres ancianos en las afueras de París: cuidaba a los residentes, atendía las gallinas y abría la puerta.

Solo poco antes de morir, el 31 de diciembre de 1876, habló abiertamente con su superiora. Fue canonizada en 1947. Se la recuerda por una fe vivida en silencio, en el trabajo de cada día.

Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque muertos sois, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.

Colosenses 3:2–3 · RV1909

Oración

Dios fiel, tú diste a santa Catalina Labouré un corazón humilde, que sirvió durante muchos años a los ancianos y a los pobres sin buscar ser vista. Enséñanos a amarte en las tareas sencillas y escondidas, a poner en ti nuestro corazón y a servir a los demás con alegría, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Las biografías se escriben con ayuda de IA a partir de historias de dominio público y se revisan antes de publicarse; las oraciones son nuestras. Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1909 (RV1909), de dominio público. Cómo escribimos.