Verso

Novena al Sagrado Corazón

Se reza del 26 de mayo al 3 de junio (fechas de 2027: cambian cada año con la Pascua).

Día 1

Venid á mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.

Mateo 11:28–29 · RV1909

De todas las formas en que Jesús podía describirse, eligió esta: manso y humilde de corazón. Lo dice a gente agotada, que carga con pesos que la superan. El corazón de Jesús no es un símbolo lejano en una estampa; es el lugar donde los cansados son bienvenidos. Durante estos nueve días vamos a contemplar ese corazón. Empieza llevándole lo que hoy más te pesa, y descansa un momento con él antes de volver a cargar con nada.

Señor Jesús, manso y humilde de corazón, vengo a ti cansado. Toma lo que no puedo cargar solo. Enséñame tu mansedumbre con los demás y conmigo mismo, y déjame encontrar hoy descanso en tu corazón. Amén.

Intención: Por quienes están agotados y cargan con pesos que los superan.

Día 2

Mas cuando vinieron á Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas: Empero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y luego salió sangre y agua.

Juan 19:33–34 · RV1909

El discípulo amado estaba al pie de la cruz, y el Evangelio de Juan insiste en este detalle: un soldado atravesó el costado de Jesús, y salió sangre y agua. Los primeros escritores cristianos vieron ahí el agua del bautismo y la sangre de la Eucaristía, los sacramentos que brotan del corazón abierto de Cristo. Incluso después de morir, su corazón seguía dándose. La devoción al Sagrado Corazón empieza aquí, en una herida. Cualquiera que sea la herida que llevas, también puede convertirse en un lugar por donde corra la gracia.

Señor Jesús, tu corazón fue abierto por mí, y de él brotó la vida de la Iglesia. Lávame con esa agua y aliméntame con esa sangre. Donde estoy herido, deja que tu gracia pase a través de mí hacia los demás. Amén.

Intención: Por quienes han sido heridos en lo más hondo, para que sanen sus heridas.

Día 3

Como el Padre me amó, también yo os he amado: estad en mi amor.

Juan 15:9 · RV1909

Jesús mide su amor por nosotros con el amor del Padre por él, que no tiene medida. Y luego da una sola indicación: permanecer en él. Permanecer es un trabajo callado. Se parece a volver a la oración después de haberla dejado, a quedarte en misa aunque te distraigas, a volver a él después de cada pequeña caída sin largos discursos. No tienes que ganarte un sitio en su corazón; ya lo tienes. La invitación es, sencillamente, quedarte.

Jesús, me amas como el Padre te ama a ti. Me cuesta creerlo, y más aún vivir en ese amor. Sigue atrayéndome cuando me alejo. Que tu amor sea mi casa, el lugar al que vuelvo cada día. Amén.

Intención: Por quienes no logran creer que son amados.

Día 4

Yo apacentaré mis ovejas, y yo les haré tener majada, dice el Señor Jehová. Yo buscaré la perdida, y tornaré la amontada, y ligaré la perniquebrada, y corroboraré la enferma: mas á la gruesa y á la fuerte destruiré. Yo las apacentaré en juicio.

Ezequiel 34:15–16 · RV1909

Por boca de Ezequiel, Dios condena a los pastores que se apacentaban a sí mismos y dejaban que el rebaño se dispersara. Luego hace una promesa sorprendente: yo mismo seré su pastor. Enumera la tarea como una enfermera atenta: buscar a la oveja perdida, traer a la descarriada, vendar a la herida, fortalecer a la débil. Jesús se llamaría después el buen pastor, y su corazón es esta promesa cumplida. Piensa en alguien que se ha extraviado o ha sido herido, y confíaselo al pastor que sale a buscar en persona.

Buen Pastor, tú mismo sales a buscar a los perdidos. Busca a los que amo y se han alejado. Venda a los heridos, fortalece a los débiles y lleva a casa a quienes no pueden caminar. Haz de nuestros sacerdotes pastores según tu corazón. Amén.

Intención: Por los sacerdotes y por quienes cuidan almas, para que pastoreen con amor.

Día 5

Jesús entonces, como la vió llorando, y á los Judíos que habían venido juntamente con ella llorando, se conmovió en espíritu, y turbóse, Y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Dícenle: Señor, ven, y ve. Y lloró Jesús.

Juan 11:33–35 · RV1909

Jesús sabía que iba a resucitar a Lázaro. Aun así, lloró. Al ver llorar a María y a los que la acompañaban, se conmovió profundamente, y el versículo más breve de la Biblia lo dice sin rodeos: Jesús lloró. Su corazón no pasa de largo ante nuestro dolor con prisa por arreglarlo. Primero se queda con nosotros ante la tumba. Si estás de luto por alguien, nadie te pide que te des prisa. Deja que Jesús llore contigo antes de hablarte de resurrección.

Señor Jesús, lloraste ante la tumba de tu amigo. Sabes lo que es perder a alguien. Quédate con todos los que hoy están de luto. Guarda en tu misericordia a quienes hemos perdido, y danos esperanza en la resurrección sin apresurar nuestras lágrimas. Amén.

Intención: Por quienes están de luto y por el alma de nuestros difuntos.

Día 6

Yo con todo eso guiaba en pies al mismo Ephraim, tomándolos de sus brazos; y no conocieron que yo los cuidaba. Con cuerdas humanas los traje, con cuerdas de amor: y fuí para ellos como los que alzan el yugo de sobre sus mejillas, y llegué hacia él la comida.

Oseas 11:3–4 · RV1909

Oseas nos da una de las imágenes más tiernas de Dios en el Antiguo Testamento: un padre que enseña a andar a su hijo pequeño, lo toma en brazos, lo guía con lazos de amor y se inclina para darle de comer. Y el niño apenas se daba cuenta de quién lo sostenía. Mucho antes de la Encarnación, el corazón de Dios ya latía así. Piensa en las personas que se inclinaron para cuidarte cuando no podías valerte por ti mismo. Cada una fue señal de un amor que llegó primero.

Dios de amor, te inclinaste para alimentar a tu pueblo y lo sostuviste mientras aprendía a andar. Gracias por sostenerme incluso cuando no me daba cuenta. Bendice a cada padre, madre y cuidador, y haz mi amor tan paciente y humilde como el tuyo. Amén.

Intención: Por los padres, los abuelos y los cuidadores, y por los niños a su cargo.

Día 7

Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que vive en amor, vive en Dios, y Dios en él.

1 Juan 4:16 · RV1909

La primera carta de Juan resume todo el Evangelio en pocas palabras: hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios. No es que Dios tenga amor, como una cualidad entre otras; es que él es amor. El Sagrado Corazón lo muestra en una sola imagen. Significa también que todo acto de amor verdadero, por pequeño que sea, es un lugar donde Dios habita: una comida compartida, una llamada devuelta, una pelea que termina. Búscalo ahí hoy.

Dios de amor, no estás lejos de ningún gesto de bondad. Abre mis ojos para encontrarte en el amor de cada día, y abre mis manos para darlo. Que yo permanezca en tu amor, y que tu amor permanezca en todo lo que haga hoy. Amén.

Intención: Por la reconciliación en nuestras casas y la paz entre las naciones.

Día 8

Que habite Cristo por la fe en vuestros corazones; para que, arraigados y fundados en amor, Podáis bien comprender con todos los santos cuál sea la anchura y la longura y la profundidad y la altura, Y conocer el amor de Cristo, que excede á todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.

Efesios 3:17–19 · RV1909

Pablo pide que Cristo habite por la fe en nuestros corazones y que podamos comprender la anchura y la longitud, la altura y la profundidad de su amor, un amor que supera todo conocimiento. Usa cuatro dimensiones porque una no basta. Por lejos que hayas ido, por bajo que hayas caído o por pequeño que te sientas, el amor de Cristo ya es más grande en esa dirección. Dedica hoy un momento tranquilo a medirlo, y a reconocer que no le encuentras el final.

Señor Jesús, haz tu casa en mi corazón. Arráigame tan hondo en tu amor que nada pueda arrancarme de él. Déjame vislumbrar su anchura y su profundidad, y vivir como alguien amado sin medida. Amén.

Intención: Por quienes se sienten lejos de Dios, para que conozcan su amor.

Día 9

Por lo cual estoy cierto que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, Ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Romanos 8:38–39 · RV1909

Pablo termina su gran capítulo sobre la vida en el Espíritu con una lista de todo lo que podría interponerse entre nosotros y Dios: la muerte, la vida, los ángeles, los principados, lo presente, lo futuro, las potencias, lo alto, lo profundo, cualquier criatura. Nada de eso podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús. Durante nueve días has contemplado ese amor en el corazón de Jesús. Cierra la novena con gratitud, y lleva esta certeza a lo que venga: Dios te sostiene.

Sagrado Corazón de Jesús, gracias por estos nueve días. Nada puede separarme de tu amor: ni mis fallos, ni mis miedos, ni siquiera la muerte. Guárdame cerca de ti, y que mi vida dé gracias por un amor que nunca me suelta. Amén.

Intención: En acción de gracias por el amor de Cristo, del que nada puede separarnos.

Novenas

Las reflexiones, oraciones e intenciones son nuestras, escritas para Verso y revisadas. Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1909 (RV1909), de dominio público. Cómo escribimos.