Verso

Novena de la Divina Misericordia

Se reza del 26 de marzo al 3 de abril (fechas de 2027: cambian cada año con la Pascua).

Día 1

Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestidos, echaron suertes.

Lucas 23:34 · RV1909

La primera palabra de Jesús en la cruz es una oración por quienes lo están matando. No espera a que pidan perdón ni a que entiendan. Pide al Padre que los perdone mientras aún lo están clavando. Aquí empieza la misericordia: no en nuestros méritos, sino en su amor, que se extiende hacia quienes aún no saben lo que han hecho. Hoy, pon al mundo entero en esa oración, también a las personas que más te cuesta perdonar.

Padre misericordioso, tu Hijo rezó por quienes lo crucificaban. Mira con esa misma misericordia al mundo entero: a los pueblos en guerra, a los olvidados, a cada corazón que se ha alejado de ti. Que tu perdón llegue adonde nosotros no llegamos. Amén.

Intención: Por el mundo entero, para que cada persona conozca la misericordia de Dios.

Día 2

Y levantándose, vino á su padre. Y como aun estuviese lejos, viólo su padre, y fué movido á misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle.

Lucas 15:20 · RV1909

El hijo menor fue ensayando un discurso todo el camino de vuelta. No llegó a terminarlo. Cuando aún estaba lejos, su padre lo vio, se conmovió y echó a correr. En aquella cultura, que un hombre mayor corriera era impropio; al padre no le importó. Dios no espera en la puerta con los brazos cruzados. Está mirando el camino. Piensa en alguien a quien quieres que se ha alejado de la fe o de casa, e imagina al Padre corriendo ya a su encuentro.

Padre, tú ves a los que amamos cuando aún están lejos. Sal corriendo a su encuentro. Ablanda la vergüenza que les impide volver a casa, y prepara nuestros brazos para recibirlos sin sermones. Amén.

Intención: Por quienes se han alejado de Dios, de la Iglesia o de su familia.

Día 3

Luego dice á Tomás: Mete tu dedo aquí, y ve mis manos: y alarga acá tu mano, y métela en mi costado: y no seas incrédulo, sino fiel. Entonces Tomás respondió, y díjole: ¡Señor mío, y Dios mío!

Juan 20:27–28 · RV1909

Tomás no estaba con los demás cuando vino Jesús, y se negó a creer solo por lo que le contaban. Una semana después, Jesús volvió por él. No lo reprendió desde lejos; le ofreció sus heridas: pon aquí tu dedo. La misericordia responde a la duda con paciencia y con las cicatrices del amor. Si tu fe vacila, o la de alguien cercano, estás en buena compañía. La duda sincera de Tomás terminó en la confesión más clara del Evangelio: Señor mío y Dios mío.

Señor resucitado, volviste por Tomás. Ven a todos los que dudan, con delicadeza y a tu tiempo. Muéstrales tus heridas y tu paciencia. Y cuando mi propia fe vacile, déjame oír de nuevo tu invitación y responder: Señor mío y Dios mío. Amén.

Intención: Por quienes dudan y por todos los que buscan a Dios.

Día 4

Y un leproso vino á él, rogándole; é hincada la rodilla, le dice: Si quieres, puedes limpiarme. Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió su mano, y le tocó, y le dice: Quiero, sé limpio.

Marcos 1:40–41 · RV1909

El hombre con lepra llevaba mucho tiempo sin que nadie lo tocara. La ley lo mantenía a distancia, y el miedo alejaba a todos los demás. Se arrodilló y dijo: Si quieres, puedes limpiarme. Marcos cuenta que Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó antes de decir una palabra de curación. Primero vino el contacto. Preséntale hoy a las personas que conoces que están enfermas, en el cuerpo o en la mente, sobre todo a quienes su enfermedad deja aislados.

Señor Jesús, te conmoviste y extendiste la mano para tocar al enfermo. Extiende tu mano sobre todos los que sufren en el cuerpo o en la mente. Dales alivio, da fuerzas a quienes los cuidan, y que ninguno se sienta olvidado ni solo. Amén.

Intención: Por los enfermos, en el cuerpo o en la mente, y por quienes los cuidan.

Día 5

Y dijo á Jesús: Acuérdate de mí cuando vinieres á tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso.

Lucas 23:42–43 · RV1909

El hombre crucificado junto a Jesús ya no tenía tiempo para arreglar nada. No podía reparar, ni deshacer, ni siquiera moverse. Solo le quedaba una frase: Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino. Y Jesús le respondió con una promesa para ese mismo día. Nadie llega demasiado tarde a la misericordia. Reza hoy por los moribundos, sobre todo por quienes morirán solos o con miedo, y por quienes velan junto a su cama.

Jesús, prometiste el paraíso a un moribundo que solo pidió que lo recordaras. Acuérdate de todos los que mueren hoy. Calma su miedo, perdona sus pecados y recíbelos en casa. Consuela a quienes los acompañan y tienen que despedirse. Amén.

Intención: Por los moribundos, sobre todo por quienes están solos o tienen miedo.

Día 6

Entonces Pedro, llegándose á él, dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré á mi hermano que pecare contra mí? ¿hasta siete? Jesús le dice: No te digo hasta siete, mas aun hasta setenta veces siete.

Mateo 18:21–22 · RV1909

Pedro pensaba que siete veces era generoso, y según casi cualquier medida lo era. Jesús le respondió con una cifra pensada para dejar de contar. Perdonar no es una sola decisión, sino un camino que se vuelve a recorrer, a veces por la misma herida, día tras día. No significa fingir que no pasó nada ni seguir expuesto al daño. Significa entregar la deuda a Dios para que deje de dominarnos. Hoy, nombra ante él a alguien que te ha hecho daño.

Señor, tú sabes quién me ha herido y cuánto. No siempre puedo perdonar de una vez, así que te entrego el paso de hoy. Bendice a quien me hizo daño, sana lo que rompió en mí y libéranos a los dos. Amén.

Intención: Por quienes nos han hecho daño, y por la gracia de perdonarlos.

Día 7

Y enderezándose Jesús, y no viendo á nadie más que á la mujer, díjole: ¿Mujer, dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te ha condenado? Y ella dijo: Señor, ninguno. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno: vete, y no peques más.

Juan 8:10–11 · RV1909

Arrastraron a la mujer hasta el templo y la expusieron ante todos, mientras los hombres con piedras esperaban que Jesús la condenara. Él se inclinó y escribía en el suelo, y uno a uno se fueron marchando. Entonces le habló a ella, no de ella: Tampoco yo te condeno; vete, y en adelante no peques más. La misericordia no excusa el pecado, pero no deja que la vergüenza tenga la última palabra. Reza hoy por quienes viven aplastados por la culpa.

Señor Jesús, despediste a los acusadores y hablaste a la mujer con bondad. Habla así a todos los que cargan con culpa o vergüenza. Llévalos a la confesión y a la paz, y no permitas que yo levante nunca una piedra. Amén.

Intención: Por quienes cargan con la culpa o la vergüenza, para que encuentren la paz.

Día 8

Sed pues misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.

Lucas 6:36 · RV1909

Jesús no nos pide ser misericordiosos para ganarnos el cariño de Dios. Nos pide serlo como nuestro Padre lo es, como si la misericordia fuera un parecido de familia. Los hijos aprenden los gestos de sus padres sin proponérselo. Quien pasa tiempo recibiendo la misericordia de Dios empieza a notarlo en su vida: en cómo habla de un familiar difícil, en cómo trata a quien lo atiende en un mal día, en lo rápido que piensa mal de los demás. Pide hoy parecerte un poco más a tu Padre.

Padre de misericordia, he recibido mucha más misericordia de la que he dado. Hazme parecido a ti. Frena mis juicios, suaviza mis palabras y abre mis manos a quien lo necesita, para que otros reconozcan en mí tu bondad. Amén.

Intención: Por nosotros, para que seamos misericordiosos como nuestro Padre.

Día 9

Y su misericordia de generación á generación á los que le temen.

Lucas 1:50 · RV1909

María cantó estas palabras mientras llevaba en su seno a un niño del que casi nadie sabía aún. Miró la larga historia de Israel y vio un hilo que la recorría entera: la misericordia, de generación en generación. Tu propia historia también tiene ese hilo. Durante nueve días has rezado por el mundo, por los alejados y los que dudan, por los enfermos y los moribundos, por quienes nos hieren, por los que cargan con la culpa y por tu propio corazón. Cierra la novena como María, con gratitud.

Dios misericordioso, gracias por acompañarme durante estos nueve días. Tu misericordia ha sostenido a cada generación, y me sostiene a mí. Guarda en tu corazón a las personas por las que he rezado, y haz de mi vida un canto de gratitud por tu amor fiel. Amén.

Intención: En acción de gracias por la misericordia de Dios, de generación en generación.

Novenas

Las reflexiones, oraciones e intenciones son nuestras, escritas para Verso y revisadas. Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1909 (RV1909), de dominio público. Cómo escribimos.